
Las mujeres mayores continúan siendo uno de los colectivos más vulnerables y menos visibles frente a la violencia machista. Según datos presentados por el Departament d’Interior de la Generalitat de Catalunya durante la II Jornada “Violencia contra la mujer en situación de especial vulnerabilidad”, los casos detectados de maltrato a mujeres mayores han aumentado un 65 % en los últimos siete años: de 714 casos registrados en 2018 se ha pasado a 1.077 en 2025.
La jornada, organizada por la Fundación Hospitalarias con el apoyo del Ministerio de Igualdad bajo el lema “Caminando hacia una vida sin violencia, desde la diferencia”, reunió a cerca de 400 profesionales para analizar las distintas formas de violencia que afectan a mujeres especialmente vulnerables: mujeres mayores, adolescentes migradas víctimas de trata y mujeres en situación de sinhogarismo.
Desde la Asociación para la Investigación del Maltrato a las Personas Mayores (EIMA), su presidente Jordi Muñoz explicó que el incremento de casos detectados también refleja una mayor conciencia social y una mayor disposición de las víctimas a pedir ayuda. Cada vez más mujeres mayores acuden a servicios sociales, sanitarios o policiales para explicar situaciones de violencia cronificada que durante décadas permanecieron ocultas.
Los expertos alertan de que muchas mujeres mayores crecieron en contextos donde la desigualdad de género estaba normalizada, lo que dificulta identificar determinadas conductas como violencia. Además, persisten importantes barreras emocionales, económicas y sociales que dificultan denunciar o romper con relaciones de maltrato mantenidas durante años.
Especial preocupación generan también los datos sobre violencia mortal. Según el Ministerio de Igualdad, el porcentaje de mujeres mayores de 60 años asesinadas por violencia de género se ha duplicado desde 2019, pasando del 9 % al 18,8 % en 2025.
La edadismo agrava la invisibilidad
Durante el encuentro, los profesionales denunciaron que el edadismo y el rechazo social hacia el envejecimiento contribuyen a invisibilizar aún más las violencias que sufren las mujeres mayores. Muchas situaciones de abuso permanecen ocultas dentro del ámbito familiar o de cuidados, donde las víctimas dependen emocional o económicamente de sus agresores.
Sin embargo, también se destacó que la mejora en la detección responde al trabajo coordinado entre servicios sociales, sanitarios y entidades especializadas, así como a una mayor formación de profesionales.
Vulnerabilidad y exclusión social
La jornada también abordó otras formas de violencia que afectan a mujeres en situaciones de especial vulnerabilidad. Entre ellas, la trata y explotación de adolescentes migradas y el sinhogarismo femenino.
Desde la Asociación Assís alertaron de que muchas mujeres sin hogar viven un “sinhogarismo invisible”: tienen un techo temporal, pero carecen de un entorno seguro y estable. Tres de cada cuatro mujeres atendidas por la entidad han sufrido violencia de género a lo largo de su vida.
Asimismo, profesionales especializados en infancia y adolescencia denunciaron la falta de recursos adaptados para menores migradas víctimas de trata y explotación, reclamando modelos de intervención centrados en los derechos y en evitar la revictimización institucional.
La necesidad de políticas específicas
Desde la Asociación Derecho a la Autonomía Personal consideramos imprescindible avanzar en políticas públicas específicas para prevenir, detectar y atender la violencia hacia las mujeres mayores, garantizando recursos accesibles, apoyo psicológico, acompañamiento jurídico y redes comunitarias de protección.
El envejecimiento no puede seguir siendo un factor de invisibilidad. Reconocer los derechos, la autonomía y la dignidad de las mujeres mayores es una condición indispensable para construir una sociedad libre de violencia en todas las etapas de la vida.
